Muestrario de obra gráfica y literaria de Mónica González Velázquez, creadora experimental
jueves, 8 de octubre de 2020
martes, 29 de septiembre de 2020
viernes, 13 de abril de 2018
La poesía salva
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| Colección Conmemorativa X Aniversario (miCielo ediciones, 2017) |
Presentación del libro de Mónica González Velázquez. El ruido del mundo. México: miCielo Ediciones, 2017. (Feria Internacional del Libro del Zócalo, Ciudad de México, 22 de octubre de 2017).
Poemas graves, corporales, melancólicos nos presenta la poeta Mónica González Velázquez en su plaquette de poesía El ruido del mundo. El tema que atraviesa este breve poemario es el cuerpo herido. Mejor dicho: la dimensión espiritual, la persistencia, de quien libra las batallas contra una enfermedad. O contra el dolor cotidiano.
La dimensión corpórea del ser humano ha sido abordada en las llamadas escrituras de la enfermedad, que en cierta fase pueden incluso definirse como lírica terminal, según Tamara Kamenszain. Poetas como Enrique Lihn, Néstor Perlongher, Héctor Viel Temperley o José Lezama Lima y, recientemente, en México, como Rocío González y Pura López Colomé, han tratado en su obra el tema de la enfermedad. De la enfermedad propia.
Señala Carolina Sancholuz, en un artículo sobre Manuel Ramos Otero, que se verifica
la incorporación de situaciones explícitamente provenientes de la experiencia autobiográfica de los poetas, en particular las enfermedades (el cáncer en Lihn, el SIDA en Perlongher, el tumor cerebral en Viel Temperley, la pulmonía y el presentimiento del fin en Lezama). Hermanados por diversos padecimientos (tejidos tumefactos, tumores, infecciones, dificultades respiratorias), las dolencias se encarnan en sus cuerpos y en sus textos poéticos como correlatos del cuerpo enfermo (98).
Inmersa en esta tradición literaria, Mónica González Velázquez incluye en El ruido del mundo poemas sobre la epilepsia. Padecida en primera persona, la epilepsia aqueja al yo lírico que enuncia. La experiencia proviene, en efecto, explícitamente de la autobiografía:
PERO BUSCO EL EQUILIBRIO
Para que mis crisis desanden
los ritmos tónico – clónicos del Gran mal.
Los ritmos de la despedida. (15)
Para quien tenga la fortuna de ignorar a qué se refieren en específico estas palabras, he aquí la descripción que APICE (la Asociación Andaluza de Epilepsia) ofrece acerca de la epilepsia con crisis tónico-clónicas generalizadas, antiguamente conocida como Gran Mal:
Descripción de las crisis:
Se produce una pérdida de consciencia.
Comienzan con una primera fase tónica (rigidez del tronco y de las extremidades) y una segunda fase clónica en brazos y piernas (rápidas convulsiones) que pueden durar varios minutos.
A continuación el paciente suele entrar en un sueño profundo que es tanto mayor cuanto más haya durado la crisis.
Al despertar es habitual la desorientación y el dolor de cabeza. (s.n.)
Esta somera descripción, que permite apenas atisbar cómo se vive la crisis en carne propia, encuentra su contraparte en este pasaje memorable, de profundidad lírica, en El ruido del mundo:
Y allí estás tú con los brazos tendidos sobre la superficie que te vio caer y convulsionar presa de dolor después de la batalla contra un púgil que golpea más fuerte cada día con vértigo y dolor concentrado en la lengua mil veces rota pero te levantas y al paso de los días canturreas la misma canción empuñas la mano en alto te empujas los anticonvulsivos y esperas el viento atolondrado de la siguiente despedida. (23)
En estas líneas se echa mano de una metáfora de la epilepsia que la equipara con un púgil o luchador que golpea “más fuerte cada día” a quien la padece. El verbo empuñar —“empuñas la mano en alto”— indica que no hay una actitud de recepción pasiva, sino una actitud de pelea, de empuñar una espada contra el adversario.
Hemos entrado aquí en el terreno que Susan Sontag explora en su obra La enfermedad y sus metáforas: el vocabulario de la batalla en la descripción de enfermedades, como el cáncer, por ejemplo. Dice Sontag:
Cuando se habla de cáncer, las metáforas maestras no provienen de la economía, sino del vocabulario de la guerra: no hay médico, ni paciente atento, que no sea versado en esta terminología militar, o que por lo menos no la conozca. Las células cancerosas no se multiplican y basta: “invaden”. […] A partir del tumor original, las células cancerosas “colonizan” zonas remotas del cuerpo, empezando por implantar diminutas avanzadas […]. Las “defensas” del organismo no son casi nunca lo bastante vigorosas para eliminar un tumor. (s.n.)
En la obra de Mónica González Velázquez se lleva a cabo la enunciación mediante metáforas, pero, ante todo, se lleva a cabo la enunciación en sí misma:
Ante el escenariotu dolor en silencio crecey una vez máste vuelves guerrera. (33)
Paradójicamente, aunque se menciona el silencio como un rasgo de la enfermedad en este poemario, resulta que el poema es palabra (contundente) que rompe con el silencio. Acerca de este fenómeno, expresa Denise León en su artículo “El cuerpo herido. Algunas notas sobre poesía y enfermedad”, que
La mayoría de los cuerpos heridos o enfermos, innumerables y vulnerados en las más variadas formas posibles, no llegan a trascender —como individuos— el espacio social en el que viven. Sin embargo, algunos cuerpos heridos —a rastras con su dolor, su enfermedad y su impotencia— son asediados por la palabra, se vuelven objetos de una construcción cultural que los va transformando en poemas, representaciones simbólicas, palabra viva. (55)
La poeta Mónica González Velázquez transforma, en El ruido del mundo, la experiencia de la epilepsia en representaciones simbólicas efectivas, como aquella del “Ave-Fénix” que renace de sus cenizas porque, después de otra crisis, se vuelve guerrera “una vez más”.
La construcción del espacio simbólico en este poemario se logra también mediante la configuración de los significados del hospital:
AHORA ESTOY EN DONDE NO ESTOY
Nadie habita la cercanía, excepto:
la mujer de blanco
los sueros
los electrodos
el catéter.
[…]
Aquí todos somos:
Pulsaciones de mar ya retirándose… (27)
Afirma Gabriel Bernal Granados acerca de Hospital Británico, de Héctor Viel Temperley, que “Todo parece, es verdad, el producto de una estancia prolongada en un nosocomio, que es un cuerpo, que es un buque, que es, a la larga y en definitiva, un poema”, “porque el tiempo y el universo mismo parecen haber sido diseñados en ese momento […] por […] esa mente enferma que discurre sobre las ruinas de su cuerpo” (s.n.).
El nosocomio que es un cuerpo que es un poema se presenta en El ruido del mundo como un acto verbal definitivo: el silencio, el padecimiento, el hospital están allí, como un hecho indescifrable y maligno. Sin embargo, la palabra poética salva, en muchos sentidos, a quien la profiere:
LE DIGO A MI CUERPO: SÁLVAME
Y unos brazos me sostienen
hasta contener los graznidos de un cuervo enfurecido.
Le pido a mi boca que siga hablando
para escuchar las notas de mi nueva canción:
sálvate SÁLVATE sálvate
Y su coro me aleja del SILENCIO. (25)
La poesía salva. Acaba con el silencio, transfigura en significados enunciables los sinsentidos inefables de la enfermedad y de la muerte: esa, la innombrable, la que a todos se nos promete. Somos el ser que va a morir, es cierto, pero ahora mismo estamos vivos y podemos expresarnos.
También yo he pedido, en alguna ocasión, y ahora mismo, con vehemencia, “pido un verso que los nombre, / que los cure y que nos salve” (76).
Iliana Rodríguez
Obras citadas
APICE (Asociación Andaluza de Epilepsia). “Epilepsia con Crisis Tónico-Clónicas Generalizadas”. http://www.apiceepilepsia.org/Epilepsia-con-Crisis-Tonico-Clonicas-Generalizadas Consultado el 21 de octubre de 2017.
Bernal Granados, Gabriel. “Poesía completa, de Héctor Viel Temperley”. Letras Libres. 31 de agosto de 2009. http://www.letraslibres.com/mexico/libros/poesia-completa-hector-viel-temperley Consultado el 21 de octubre de 2017.
León, Denise. “El cuerpo herido. Algunas notas sobre poesía y enfermedad”. Telar, número 10, 2012.
Rodríguez, Iliana. Embosque. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2013.
Sancholuz, Carolina. “Una poética de la muerte. Sobre Invitación al polvo, de Manuel Ramos Otero”. Letral, número 6, 2011.
Sontag, Susan. La enfermedad y sus metáforas. El SIDA y sus metáforas. Edición digital. Traducción de Mario Muchnik. Barcelona: De Bolsillo, 2011.
sábado, 7 de octubre de 2017
FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE LA CIUDAD DE MÉXICO
Mis fechas de participación en el FIPCM, espero verlos por allá.
JUEVES 12
FORO RAMÓN XIRAU
MESA DE EDITORES DE POESÍA
17:00-17:50 hrs
Mónica González Velázquez (México, miCielo Ediciones), Iván Cruz (México, Malpaís Ediciones), Héctor Martínez Rojas (México, Pluralia Ediciones), Michael Espeier (Alemania- Revista Literaria PARK / editorial Aphaia-Verlag) Traductora: Emma Julieta Barreiro
VIERNES 13
FORO GENERAL
MESA DE LECTURA DE POESÍA
FORO GENERAL
MESA DE LECTURA DE POESÍA
15:00-15:50 hrs
María Sangüesa (España), Ingrid Bringas (México), Blanca Luz Pulido (México), Roxana Elvridge Tomas (México), Legna Rodríguez Iglesias (Cuba), Mónica González Velázquez (México)


Mónica González Velázquez (Ciudad de México, 1973). Poeta, artista visual y editora. Egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. A la par cursó el Diplomado de Creación Literaria en la Escuela de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Tomó talleres de poesía experimental con el poeta Raúl Renán, entre 1998 y 2001. Le han sido publicados: Tríptico de desamor, La luz y las sombras altas, Poesía reunida, Las cosas últimas; Gran mal, Glory box, Las eternas rutas, El misterio de los mundos vulgares, Breviario de la renunciación y Crónica de los días que ya no son. Antología poética 2001-2015 (El quirófano ediciones, Guayaquil 2016). Destaca su participación en La palabra transfigurada: cien años de poesía visual mexicana (Ediciones del Lirio, CONACULTA-INBA, 2014). Finalista en el Premio Internacional de Poesía Visual Experimental, Badajoz 2015. Directora de miCielo ediciones, proyecto especializado en Libro-objeto y Libro de artista.
sábado, 4 de marzo de 2017
Reseña a "Crónica de los días que ya no son"
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| (Guayaquil, Ecuador; 2016) |
Dice Giorgio
Agamben en El fuego y el relato que la parábola establece una semejanza entre
el Reino –de los cielos en este caso- y algo que se encuentra aquí y ahora
sobre la Tierra. Esto quiere decir que la experiencia del Reino pasa por la
percepción de una semejanza y, que sin dicha semejanza, es imposible para los
hombres la comprensión del Reino. El Reino, expresado mediante la parábola es
un acontecimiento: la red arrojada al mar y que recoge todo tipo de peces, el
tesoro que un hombre encuentra en el campo y, prosigue Agamben, el gesto del
que siembra. Así, el Reino se convierte en un discurso cifrado que sólo
comprenden aquellos que deberían comprenderlo pero que, al mismo tiempo, exhibe
su misterio.
En los poemas de
Mónica González Velázquez (Ciudad de México, 1973) el Reino es una insignia de
lugares perdidos. El Reino es un lugar que nos llama; es memoria y es tiempo.
En ese transitar, Mónica se mueve por el poema de forma lenta, cadenciosa, como
en el inicio de una danza que absorbe todo el vértigo y el caos de la ciudad
que la rodea. El poema, como el cuerpo, es un lugar que se recorre lento, de
forma contemplativa: El hombre asciende
las ruinas de su cuerpo, dice en el poema “Nunca más silencio”. Sitio de
ruinas, muchas veces, la gran ciudad se vuelve un despojo de la memoria, piedra
de toque en la memoria, habitable sí, pero ajena, quebrada: Soy un cuerpo fragmentado / ola espiral en
danza rota, Las piedras gritan los
nombres de los que ya se han ido, de los que rastrean los cuerpos de cuerpos
ajenos, de los que no descienden, se lee en “La bruma se dispersa” y “Eva
en el paraíso”, respectivamente. De este modo, el poema reside en una grieta,
una herida que respira y se niega al bullicio sabiendo que ahora todos los nombres / son uno mismo. Y esa
negación, ese contraerse es el sentido de su existencia: Nunca, nunca, nunca más la herida, escribe Mónica en “Renunciación”.
Bataille, en
1993, escribió que el término de la
poesía, significa en efecto, de la manera más precisa, creación por medio de la
pérdida. En “Crónica de los días que ya no son” (El Quirófano Ediciones,
2016), Mónica González Velázquez hace patente este principio por medio de la saturación
sonora que la ciudad provoca en medio de movimientos como insignias que nos
hacen recordar la brevedad y su capacidad de resistencia: En ésta fe ciega (a destellos cordura) / con un dedo en la frente (insignia-insgne-insignificante) / viene a decirme que esta historia / de tan intensa ya no existe. / ah! La brevedad, malsana resistencia (la
existencia), dice en "Presagio 2".
Silvio Mattoni
escribe a propósito de los efectos de la creación por medio de la pérdida: Sin duda que tal como las prácticas del
gasto improductivo, es decir, el lujo, el derroche, la guerra, la experiencia
mística, el erotismo, se oponen al orden de la producción de bienes, de la
conservación y reproducción mecánica de la sociedad, así también la poesía se
opondría al orden acumulativo del lenguaje, a la transmisión de un saber
utilizable. Esta oposición al orden acumulativo del lenguaje implica
retirar el velo de la instrumentalidad de las palabras, esto es, que dejen de designar
y sacrifiquen el sentido en favor de un ritmo, de un movimiento, un acto propiciatorio.
Tal y como la parábola tiene forma de comparación, así la palabra que devuelve
al Reino está destinada a comprenderse en su literalidad, pero eso evitaría el
recorrido, la soledad. La instrumentalidad de la palabra del Reino esquivaría
todo acto solitario. Dice Agamben: “No entender ya la palabra del Reino es una
condición poética”. Sólo los grandes
solitarios emprenden largas caminatas, tejo la palabra, rememoro y aguardo el
regreso de los días, escribe Mónica. La palabra del Reino está vaciada de
sentido y nombra, a tientas (mis palabras
son la voz del ciego), para no decir, sino para llamar (Conjuro tu historia a otra historia, tu
nombre a otro nombre) y comprender
la letra, volverse parábola, porque la parábola siempre habla como si no fuera
el Reino (porque no voy a permanecer en
este reino al amanecer) y, sin embargo el Reino (Para construir reinos perdidos / junto al mar).
En medio de ese
Reino reconstruido, escribe Mónica: Hay
en estas líneas el presagio del fin del mundo. Porque lo inmóvil no es lo
que busca y dice: Corro por un bosque de
palabras, en este juego de periferias y acercamientos virtuales. Hasta que
levanta su árbol, como insignia de la vida y la danza que aún habita debajo de
todo el bullici trémulo de la ciudad, como esperanza ecológica ante el fin del
mundo-Reino-reconstruido, como huella de su paso por la ciudad: el corazón de un árbol / soy / soy, y
danza, también el latido del amor como esperanza que recorre con mayor
intensidad y franqueza los últimos poemas de este libro.
En Crónica de los días, que ya no son,
Mónica se apega a un registro que tiene como referentes inmediatos a Efraín
Huerta, Max Rojas y José Emilio Pacheco. No obstante, la misma Mónica se
encarga de hacer explicitas otras referencias –Leopoldo María Panero, Guillermo
Fernández, Cesare Pavese-, de ahí que sus poemas busquen siempre la movilidad,
el tránsito. El impulso verbal que anima esta colección se ve complementado por
componentes visuales que recuerdan a Mallarmé, Marinetti o Apollinaire y que configuran
una música alterna al mismo ritmo que ya tienen los poemas, llevándolos a
simular una partitura que provoca que se multipliquen los recursos retóricos y
las acotaciones para dotar a cada texto de una voz única. Estos recursos
tipográficos y visuales parecen decirnos que las palabras son la presencia, la
reconstrucción, la resistencia.
Crónica de los días, que ya no son, es
un itinerario de viaje a lo largo de siete libros, es la poesía que se levanta
para ocupar su lugar entre los escombros, entre el ruido de la ciudad, es el
llamado al Reino, pero sobre todo, es una forma de estar en el mundo.
Hasta aquí había
pensado en decir algo acerca de Luis Alberto Arellano y de Mónica y de mí, pero
las palabras comienzan a fallar. Este libro, plagado de pérdidas, de lugares
grabados en la memoria en medio de todo el caos posible y la poeta, ahí, en
medio de todo, receptiva siempre, en movimiento siempre; decía, este libro es
también una celebración del lugar, del lugar aquel al que sólo podemos acudir no
nombrando, sino únicamente, y eso con muy poca certeza, llamando. El lugar en
donde alguien ejecuta una breve “danza de insignias, sueños y sentidos”. Ese
alguien, quiero creer, es Luis Alberto, que de seguro festejaría la
presentación de este libro hoy, aquí, con todo nosotros. Por eso quiero repetir
las últimas frases del prólogo, escrito por el mismo Luis Alberto, no como una
sentencia, sino como una celebración de su vida, de esta escritura con la que
Mónica nos lo trae y nos lo acerca. Digo, junto a él:
“Que nadie
empañe la felicidad del mundo”.
Que se conserve
intacta la alegría y que todos puedan escandir la copa en el pozo del amor.
Que nadie empañe
la felicidad del mundo.
Juan Antonio Alfaro
S.L.P.
/ 03 de marzo de 2017
martes, 28 de febrero de 2017
PRESENTACIÓN EDITORIAL EN S.L.P.
Mónica González Velázquez
(Ciudad de México, 1973).
Editora y poeta visual-experimental. Egresada de la Escuela Nacional de Artes
Plásticas de la UNAM. A la par, cursó el Diplomado de Creación Literaria en la
Escuela de la Sociedad General de Escritores de México. Le han sido publicados
diez poemarios escriturales. También sus poemas han sido incluidos en
antologías de México, España, NYC y Argentina. Destaca su incursión en la
poesía visual-experimental, fue incluida en La palabra transfigurada: cien años
de poesía visual mexicana (CONACULTA-INBA, 2014). Finalista en el Premio
Internacional de Poesía Visual de Badajoz (España, 2015). Ha participado en la
exhibiciones: Poesía Visual Internacional de Quilmes (Argentina, 2015), POESÍA SIN MARGEN Muestra
Latinoamericana de Poesía Visual (Museo de Arte Contemporáneo Argentino; Buenos
Aires, 2016), Bienal de Poesía Visual Experimental de Euzkadi en México (CDMX,
2016). Como editora especializada en ediciones alternativas, ha participado en
el XV Encuentro Internacional de Editores Independientes y Ediciones
Alternativas (Punta Umbría, Huelva; España 2008), Hispanic Heritage Month of York College (NYC; 2011 y 2012),
Festival Internacional de Poesía Ileana Espinel Cedeño (Guayaquil, Ecuador;
2013 y 2016), Printed Matter's LA ART
BOOK FAIR. The Geffen Contemporary
at MOCA (Los Angeles, 2014) y The Americas
Poetry Festival of New York (NYC, 2015).
martes, 20 de diciembre de 2016
LA PERSISTENCIA DE LA MIRADA
Todo lo que no tiene un objetivo por alcanzar,
un resultado por conquistar, un enigma por resolver,
un misterio por penetrar, no me interesa.
Pablo Picasso
0.1
Vincent girasoles-vértigo
alba-magenta en Arles.
Dinamo azul de noche estrellada:
brilla en el firmamento.
0.2
Amedeo de ira los puños lleno.
Retrato de cuello estilizado y rematado con bonete.
En todas las telas Jeanne, los ojos cristalinos de azul nublado.
Cariátides circundan el mausoleo.
0.3
“Pero un día me regalaron un lápiz y con el brazo estirado, comencé a medir la realidad.”
Santiago, los lienzos de vetas ocres y tonalidades de sutil dorado.
Bifurca en el horizonte la mirada: toda proporción justa.
0.4
En claroscuros se perfilan los escorzos.
Maja de crin larga y oscura
un corcel en sotavento.
Goya, desde el firmamento un cielo raso.
0.5
Kandinsky espiritual en el arte,
el punto sobre el plano y la línea:
la paleta de color hacia el universo abstracto.
0.6
Pollock salpicadura cara dura
y de abstracto fulgor en el libre espacio:
esa mancha cobra vida.
0.7
El Bosco-bosque de las delicias
(lo feo, lo sublime, lo grotesco).
Pesadillas, sublimación de lo hermoso: los paisajes.
0.8
De método crítico-paranoico, segrega ironía.
"Perverso polimorfo, rezagado y anarquizante", o "blando, débil y repulsivo.”
Amalgama de obsesiones: Eugenio Salvador Dalí.
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| De la serie: "La persistencia de la mirada, 2016". Foto composición. |
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